¡Hola a todos!
¿Qué tal? Yo sumergido en la vida de biblioteca, en vista a los exámenes que están a la vuelta de la esquina, y entregando trabajos uno detrás de otro.
Entre repaso y repaso, intento asomarme a la vida y ocupo algo de tiempo a reflexionar.
Mañana ponen en una conocida plataforma digital dos documentales de los que he podido ver un fragmento y me parecieron muy interesantes.
Uno se titula "La guerra desde palacio", en el que un corresponsal en Bagdad acompaña durante unas semanas a un grupo de soldados estadounidenses para reflejar la vida cotidiana en Irak. El otro es "The corporation" y trata del papel de las corporaciones multinacionales a nivel mundial y su poder frente a los gobiernos y los ciudadanos en diferentes lugares del planeta, realizando múltiples entrevistas a estos diferentes actores.
No puedo entrar en valoraciones porque he visto escasos 2 minutos de cada uno... pero si me ha llevado a una reflexión, tan tratada en muchas ocasiones pero aún por resolver, que es el papel de los medios de comunicación ante la información.
Hemos estudiado el papel de los medios de comunicación en los conflictos armados y su toma de posición, que puede oscilar entre puntos tan opuestos como el compromiso humanitario y el oportunismo sensacionalista. También la implicación de los medios en el derecho a informar y de los ciudadanos de ser informados y el control que sobre todo ello tienen los organos de poder tanto políticos como económicos.
La cuestión es que me pareció que tanto en uno como en otro se contaba una "realidad" poco tratada generalmente en los medios, o al menos desde esa perspectiva tan personal y sobretodo implicados en su respectiva temática. Y ahí es exactamente donde vi la diferencia: en la "implicación".
¿El periodista o el comunicador debe comprometerse y posicionarse ante la realidad, sea de la naturaleza que sea? ¿O debe limitarse a reflejar de forma aséptica los hechos y los personajes que se sitúan ante el objetivo, omitiendo todo juicio y valoración?
Creo que la respuesta no está en los propios periodistas, sino en los receptores al que quiere llegar. Si encuentras a alguien que quiera escuchar lo que opinas, díselo. Y si das con alguien que no quiere escucharlo, cuéntale si lo prefieres lo otro... Pero creo que si tienes realmente una opinión que dar o una verdad sincera que contar, siempre que sea legítima, debes arriesgarte a hacerlo. La noticia seguró que no caerá en saco roto.
Creo que el periodismo social, eso que pretendemos hacer, nació así: con alguien que deseaba escuchar una realidad, agradable o puede que no tanto, pero seguro que sincera. ¿No creeis?
Grabaré los documentales y los veré allá por febrero. Ya os contaré.